Relatos de la otra memoria

A través de testimonios de docentes y estudiantes, un libro escrito por el doctor Jorge Rodríguez y publicado por la Editorial Universitaria de Misiones, recupera la historia no oficial de la UNaM durante la última dictadura militar . Aquí compartimos la entrevista al autor, que fuera publicada en El Territorio.

Censura de libros, docentes cesanteados, estudiantes expulsados por ser catalogados como subversivos, clausura del comedor universitario, desmantelamiento de carreras con mirada social, desconfianza, miedo, detenciones y desapariciones. Esas fueron algunas de las políticas aplicadas en las universidades durante la última dictadura cívico-militar, y la Universidad Nacional de Misiones (Unam) no fue la excepción.
Con la intención de “hacernos cargo de lo que somos a partir de eso que fuimos”, el docente e investigador Jorge Daniel Rodríguez presentó su nuevo libro, La Universidad Nacional de Misiones en tiempos de Dictadura (1976- 1983), el pasado miércoles 30 de marzo en Posadas. Rodriguez brindó una entrevista con el diario local El Territorio y dio detalles sobre su investigación, que le valió su título de doctor en antropología social.
El libro se centra en la historia de la Facultad de Humanidades. En 2002, Rodríguez se incorporó como docente en dicha unidad académica y empezó a escuchar los relatos sobre lo acontecido durante la dictadura, es decir, “la memoria oficial”. Durante el proceso del libro, trabajó con documentación y entrevistas a 25 docentes, no docentes y estudiantes en esa época. La obra dialoga entre las memorias oficiales y las memorias alternativas de estos otros actores.

 

¿Con qué se encontró?
Resulta que lo acontecido en la universidad y en la facultad durante ese periodo era mucho más que lo que yo había escuchado. El capítulo tres reconstruye las políticas educativas implementadas en ese periodo. Por ejemplo, la intervención militar y clausura del comedor universitario, que había sido en los años 1973 y 1974 una de las grandes luchas y conquistas históricas del movimiento estudiantil, y eso se volvió a recuperar con el retorno a la democracia. Lo que hizo la dictadura fue clausurarlo y reemplazarlo por un sistema de becas que entre los requisitos pedía que el alumno tenga buena conducta y no profese ideologías contrarias al sentir nacional, o sea que no esté emparentado con nada que podía sonar para ellos subversivo. Otra de las políticas fue el desmantelamiento de ciertas carreras, como trabajo social, que fue una de las carreras fuertemente comprometidas con el proceso de movilización y participación y militancia política. Otra de las medidas fue cesantear a los docentes y no docentes involucrados en esos procesos políticos. Algunos retornaron con la democracia y otros no pudieron volver nunca. Y expulsión de los estudiantes subversivos y censura de material bibliográfico que era considerado no apto.

¿Qué obras?
Por ejemplo, todas las obras de Paulo Freire; Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano; y las obras de Marx. Además de estas políticas represivas se instrumentaron simultáneamente otros conjuntos de políticas relacionadas a la delación, la desconfianza, la instigación del miedo, el apartamiento a toda la fracción que había sido estigmatizada.

¿Se nombra a los desaparecidos?
A pesar de que esta memoria oficial es la memoria instalada en la facultad, hay cada tanto vestigios de esta otra historia. El mural que está en el nuevo comedor que recupera los rostros de estudiantes desaparecidos como Carlos Teresczuk, el primer presidente del centro de estudiantes, el rector Alfredo González, de la facultad de Ciencias Exactas, y otros compañeros, ese mural es un vestigio de esa otra memoria, al igual que el edificio que lleva el mural del Nunca Más en Humanidades o el nuevo edificio con el nombre de Juan Figueredo, que además de militante sindical, era estudiante de la Unam.

¿Cómo era estudiar en esa época?
En la década del 70, en todo el mundo se vivía un ambiente de mucha participación, militancia y política estudiantil, y los jóvenes eran un actor político destacado. El horizonte estaba en la revolución cubana, el Mayo Francés, la Primavera de Praga, que hacían suponer que el cambio hacia un modelo alternativo al capitalismo era posible. Y acá en Misiones también se sintió eso.

¿Cómo era el movimiento?
Era de mucha participación, de mucho involucramiento, donde el estudio iba de la mano con la militancia. Militar era como un modo de empezar a pensar y construir ese cambio posible, ese hombre nuevo, esa patria justa y liberada.
¿Piensa que estas dos memorias, la oficial y la alternativa, están presentes en la enseñanza?
Para mí, que soy de otra generación, esta historia que te cuento fue toda una novedad, porque lo que conocía era eso que la memoria oficial relata, al punto que se llega a decir “acá no fue tan grave, nuestra universidad fue una excepción a diferencia de otras universidades donde la dictadura fue durísima”. Lo que el trabajo me mostró es que fue tan complicado como en otras zonas del país. El libro es un aporte para poder recuperar nuestra historia reciente, que esa otra historia sea conocida por estudiantes.

¿Por qué es importante recuperarla?
Para entender de dónde venimos y por qué estamos como estamos. Mucha de esa matriz instalada por la dictadura todavía está presente en nuestras facultades. Y también es importante para que los estudiantes vean que las conquistas que se tienen hoy, por ejemplo la gratuidad del comedor universitario, fueron producto de las luchas del movimiento estudiantil. Necesitamos seguir conociendo y analizando nuestro pasado reciente, y hacernos cargo de la historia de lo que somos a partir de eso que fuimos. Una parte de lo que hoy acontece también tiene razones históricas.

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